Comunicación, Estado, Gobierno y Coronavirus
03/30/2020

El desafío de incorporar a la comunicación como instrumento principal del estado fuerza a cambiar el uso que se le da a la herramienta. En el ámbito político, cada vez es más fácil comunicar con la lógica que dicta el mercado – “te muestro algo, lo más bonito posible para que lo compres, aunque no lo necesites”- como resumen.

Hoy, la comunicación en campaña política aceleró mucho el proceso de aprendizaje de los agentes comunicadores que se encargan de difundir acciones de una figura política y les dieron resultados muy buenos, tanto es así que los conocimientos adquiridos son tan efectivos que naturalmente se cuelan en la comunicación oficial de las estructuras gubernamentales logradas.

No todo lo que hace el gobierno o quien lo maneja es comunicable como, por ejemplo, reacciones frente a la realidad que nacen de la preocupación. Naturalmente cuando un político está en campaña habla de las cosas que le preocupan y como solucionarlas. Depende de cuánto llega a la sociedad esa preocupación y que tanto es compartida, se logra la empatía que define el voto.

En cambio, cuando se está ejerciendo el Gobierno, el sujeto político responsable del Estado que antes estuvo en campaña, ya no se preocupa por lo que hay que hacer, ahora acciona y coordina, pasa a la acción concreta, gestiona y soluciona, tiene todas las herramientas para hacerlo y llego ahí, asegurando que era el mejor para administrarlas, algo transversal a todo gobernante.

Hoy nos damos cuenta como sociedad, después de varios aprendizajes, que en campaña hay muchos políticos que mienten y lo aprendimos dándonos grandes golpes, votándolos para después ver destruido nuestro estado de bienestar en todos los niveles de gobierno. Esto, sin ánimo de entrar en malos y buenos gobernantes, nos lleva a la siguiente conclusión: la comunicación, herramienta fundamental en campaña, sirve para la especulación con las expectativas de la sociedad.

¿Qué pasa entonces cuando las estrategias comunicacionales de campaña se cuelan en las comunicaciones institucionales? Nos encontramos con la posibilidad que el gobernante use la propaganda para especular con las expectativas de la sociedad y así seguir sosteniendo empatía con la gente que lo voto.

Nos encontramos en un contexto de crisis que ya los especialistas definen como el hecho que cambiará nuestra era en todo el mundo La pandemia por Coronavirus estará a la altura de grandes sucesos históricos de la humanidad y, ante este cambio, el mayor debate se da entre mercado o estado, y por supuesto hay políticos que han tomado partida. Así, podemos dar ejemplos: quienes quieren seguir sosteniendo modelos de mercado fuerte son Donald Trum y Jair Bolsonaro entre otros y aquellos que tomaron partida por el Estado podemos citar a Vladimir Putin, Alberto Fernández o localmente, Gustavo Saenz y Bettina Romero.

Quienes tomaron, en buena hora, partida por el estado, tienen el desafío de usar la herramienta de la comunicación y la información como lo dictan los principios de lo público, como un bien común. Para eso, deberán apartarse de toda practica de campaña que se centra en una sola figura, el producto a vender o el político a votar.

No alcanza con comunicar castigo, con comunicar sanciones, con comunicar amenazas y reacciones frente al miedo que genera la incertidumbre, como la rápida adecuación de centros de atención para posibles infectados por coronavirus.

El desafío está en comunicar conciencia, en mostrar lógicas de trabajo colectivo, dar información para saber cómo actuar, no solo ante el riesgo del contagio y transmisión del virus, sino ante situaciones de la vida cotidiana, la cotidianeidad que sigue estando.

Poder cambiar el eje del sujeto a comunicar se ve fundamental, pasar de la lógica de mercado que te vende a un sujeto, a la lógica del estado que te muestra lo que hacemos entre todos.

Los gobiernos son equipos y si se ven los equipos trabajando, quizá como sociedad salgamos de la idea que hay una sola persona que nos va a salvar y empecemos a ver que, de esta, nos salvamos todos.

Sabemos que el miedo como mecanismo de defensa para accionar preventivamente ante lo desconocido como motor de acciones está bien, pero el desafío está en no transmitir el miedo mediante la comunicación si no, en comunicar tranquilidad y responsabilidad.

Por Nahuel Sánchez.

 

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