Por Agustín Pérez Marchetta

Hierve la sangre, entre la nostalgia de los recuerdos, querer que al otro le vaya bien y la manija del punk-pop. Las Ligas Menores me tienen hipnotizado. Y no soy el único, todo un público corea y poguea sus canciones. Las escucho y quiero saltar, gritar, llorar, volver a amores que están a más de 1200 km, perderme en el Renault Fuego de alguien que de verdad me gustaba pero no tuve el tiempo, la decisión, no se pudo generar el momento, las ganas de volvernos a ver.

El 30 de Septiembre aterrizaron Las Ligas Menores a Salta en Macondo Bar, de la Mano de RockSalta en la gira “fuego Artificial”. Tuvieron de Teloneros a la banda “Viento de Oriente”. Aunque era domingo, todos vibraban por escuchar al quinteto compuesto por Anabella Cartolano (voz y guitarra), Pablo Kemper (voz y guitarra), María Zamtlejfer (voz y bajo), Micaela García (batería) y Nina Carrara (teclados y coros). Al contar con un gran plantel de mujeres se puede sentir la veta feminista salir en los ritmos, los acordes, las letras de las canciones. Es como caminar y ver la vida desde otra óptica, emergiendo el discurso de las mujeres entre tanto piropo misógino, con la inseguridad pero certeza de caminar por las calles de la ciudad, hablar lo que no cuentan los diarios, lo que no dice la telenovela: el lado B punk pop de la realidad.

Como explicar todo lo que pasa por la cabeza, el cuerpo, los pies de uno mientras tocan Las Ligas: los amores que se fueron, que llegan, los que todavía están en la cabeza, de los trotamundos que salen disparados desde algún lugar, de los que se quedan en casa. Pasaban los temas y con el “Baile de Elvis” (si te pido que sonrías un poco/ no hace falta que sea de felicidad /solo quiero verte disimular / y de la manera más linda, / y de la manera más feliz, / así te voy a recordar) uno siente que el mundo ideal que soñamos despiertos en nuestras cabezas se acerca cada vez más con la música que nos llega, no se hace vibrar, que agita nuestros corazones.

En un momento del show, la cantante pidió por favor a uno de los chicos que estaba bailando al frente (Fito, conocido como el bailarín del zumba) que por favor dejara que también las chicas bailen, porque no dejaba que nadie más baile o llegue adelante: “te pido por favor que te hagas  a un costado y dejes que las chicas también bailen, porque hace un rato que estás haciendo lo mismo y no me gusta”. Impecable. El feminismo no es algo que se dice sino que se hace, y Las Ligas, con sus show y acciones nos muestran el camino.

Siguieron los temas de manera vertiginosa “Europa”, “Mejor Así”, cuando estaba tocando “mis Amigos”, y cantando “las estrellas” Pablo sin querer le desconecto la guitarra y el mic, se queda sin sonido y Anabella dice: “ehhhh me desenchufaste. Bueno, vamos a tocar accidente, porque esto fue un accidente”. Y arrancaron con uno de sus temas que más giro por diferentes medios y plataformas digitales, nos pusimos frenéticos y empezamos a poguear y saltar.

El recital y los temas continuaron: “ni una canción”, “en Invierno”, “luces y carteles”. Se fueron despidiendo como tres veces y nadie quería que se vayan, amagaron dos veces y finalmente pusieron música grabada de fondo.

La banda te invita a bailar, desahogar las penas, las ideas proyectadas fantasmagóricas, algunas veces desesperadas, abatidas por el día a día, por llegar a casa y no encontrar respuesta, por salir al mundo a buscarlas, tan frágiles, tan humanas, que no podemos más que conmovernos, corear sus temas, saltarlos frenéticamente. Te convidan un poco de realidad intervenida musicalmente, desnudando que el mundo no es un cuento de hadas y más allá de la tristeza, la nostalgia, que no nos salgan las cosas, siempre queda lugar para pensarnos desde la música, la poesía. Saltar la monotonía cotidiana con algunas letras y acordes que nos recuerdan que estamos hechos fortalezas e inseguridades, de sueños que siempre se cuelan en nuestros días, ya sea en forma de canción, de pogo, o de lágrimas que asoman.

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