Bettina entre la oportunidad y el desafío de la movilidad en la Ciudad
05/15/2020

La Intendenta de Salta propone con el Plan de Movilidad Sustentable aplicar reformas en la capital salteña que tuvieron éxito en las grandes ciudades del mundo.

En tiempos en que el transporte público representa un grave problema para los salteños por ser un foco propicio para el contagio del Coronavirus y por los escandalosos incrementos de tarifas que sufrió en la era macrista, el uso de transportes alternativos como la bicicleta representa una gran solución para algunos, pero por ahora un anhelo riesgoso para otros.

Dar el primer paso siempre es alentador y, tal vez, valiente, siempre que se tenga como objetivo una meta más grande que la de otorgarles reivindicaciones a los protagonistas más postergados del tránsito: el ciclista y el peatón siempre tienen las de perder en las calles, porque la lógica de quienes agarran el volante (ya sea de automóvil, colectivo, camión, etc.) es la de imponer la ley de la selva en perjuicio de los de a pie, irrespetando semáforos, imponiendo la carrocería cuando doblan haciendo perder el sentido a las sendas peatonales, encerrando bicicletas y motos, y seguimos enumerando.

Si Salta quiere seguir el ejemplo de grandes ciudades como Buenos Aires (por citar el caso más cercano de una metrópoli que brinda igualdad de oportunidades a la hora de circular), al cambio de mentalidad se lo debe ayudar con medidas reales, con el cumplimiento de los derechos, obligaciones y los castigos a situaciones penosamente habituales (el ritual de la entrada y salida de las escuelas que ponen en escena a las “naves de familias” en doble fila, incluso en calles angostísimas, los giros de autos y, sobre todo, colectivos a toda velocidad en las esquinas de la ciudad emulando alguna curva realizada por un piloto de Fórmula 1 en Mónaco o en Monza -la prioridad del peatón en las esquinas, bien gracias-, vehículos atravesados en las intersecciones por no haber aprendido a cruzar la calle -o por hacerse los sonsos-, entre otras) como así también en el diagramado de una infraestructura similar a la que ocurre en el Gran Buenos Aires, donde el tren le permite a laburantes de municipios lejanos poder usar la bicicleta en la Capital Federal.

La persona que vive en La Merced, en El Carril, en Atocha, en San Lorenzo, está obligada a viajar en colectivos poco frecuentes y abarrotados rumbo a la Ciudad, para llegar a sus lugares de trabajo y, claro está, para volver a sus hogares, por lo que mientras estas situaciones ocurran, seguiremos estando lejos de las posibilidades que tiene alguien que vive en el partido de San Vicente y todos los días puede llevar su bicicleta al microcentro porteño, a 60 kilómetros de su hogar. El valiente que se cruza todo el mapa del Valle de Lerma pedaleando, aún arriesgando su vida en las rutas peligrosas que se meten y salen de la capital salteña, corre el riesgo también de llegar no del todo impecable.

La misión de quienes luchan a diario por reclamar sus derechos en la calle debe ser por un lado la de acompañar el plan que propone la Intendenta, pero también de vigilarla celosamente en cada paso que se da, con el fin de que las bicisendas sean el primer paso y se apueste fuerte por un giro completo en la movilidad salteña, que por ahora sigue siendo exclusiva del más fuerte.

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